
No era un día normal, mi familia entera se reunía, eso jamás pasaba... se notaba que sería una noche diferente. Estaban allí mis primos en una mesa, conmigo... en otra mesa estaban los adultos, no muy lejos. Oía muy bien cada una de sus palabras, pero no me preocupaban, a esa edad, nada me preocupaba. Pero... ¿qué fué lo que ahí sucedió? Recuerdo que caí al suelo y el tiempo comenzo a pasar lento, recuerdo que las risas se transformaron en llantos y gritos decesperados... de pronto mis recuerdos se borran... Tengo imagenes almacenadas en mi memoria. Como si fuese una fotografía, la fotografía más triste de mi vida. No recuerdo cuántos rostros ví encima de mi cabesa, pero recuerdo el de mi madre y padre, el de mi abuelo... Recuerdo cómo lloraban, y recuerdo cómo los colores se comenzaron a esparcir y mesclar en un difuminado totalmente doloroso... Recuerdo cómo la imagen se fué combirtiendo en negro, una negrura fría y total, sin ruidos, sin rostros empapados en lagrimas, sin expresiones de dolor, y... sin mi dolor... pasaron largos minutos que me paresieron años... Hasta que oí el grito más agónico de la historia " ¡¡¡NO TE LA LLEVES PORFAVOR!!!"; era mi madre... Volví a abrir los ojos en ese momento, volví a respirar y rompí en sollozos... Con decesperación mi madre me tomo entre sus brasos y lloró dándole las gracias, quizás a quién. Yo sin fuerza la abrase, y le dije "ya estoy bien"...
En realidad, lo estaba. Pero sabía que no olvidaría jamás aquellos olores dulces que sentí, que jamás volví a sentir... Sabía que jamás volvería a sentir la sensación de volar y pasar de una parte a otra, la sensación de no sentir dolor alguno. La sensación de la muerte.
Simplemente, ese no fué mi momento. Algo me queda por hacer aquí...
Es la historia de mi "casi muerte" de una agonía que se calmó, pero que fué rescatada y vuelta a la vida. Es simplemente, mi historia real.
Constanza Figueroa Carter.-


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